La Educación Industrial

La educación industrial
Joel Kramer / CC BY 2.0

Todavía, “la educación”. La formal, la que hemos soportado, la que aún soportan nuestras niñas y niños. La que describe magistralmente Ken Robinson:

La que los trata como productos, agrupándolos por fecha de fabricación o según características especiales, y los mantiene quietos, ordenados y controlados. La que divide el conocimiento en bloques separados y desconectados, y lo administra en períodos de tiempo uniformes e invariables con la ayuda de herramientas estandarizadas. La que coarta su tiempo LIBRE con horas extras impagadas. La que impone controles de calidad injustos y arbitrarios.

[…] el mundo sigue girando y nosotros aprendemos sobre la vida y los desafíos del futuro en pequeños bocaditos clasificados por temas. Nuestros días están definidos por el horario, predecibles y ordenados.

[…]

Nuestro modelo actual da por sentado que todos los chicos deberían ser iguales, alcanzar los mismos estadios de aprendizaje a la misma edad, ser capaces de hacer las mismas cosas al mismo tiempo, saber las mismas “cosas” y compartir los mismos intereses. Personalizar el sistema implica algo completamente diferente. Busca desarrollar habilidades fundamentales para que los chicos luego las diversifiquen y las desarrollen en su propio recorrido individual.

 

Gerver, R. (2012). Crear hoy la escuela del mañana. Madrid: Ediciones SM.

Un sistema fabril 🏭 que instala un mindware cerrado en sus futuros trabajadores, obedientes, eficientes y acríticos; que valora orden, memoria y competitividad e ignora emociones y sentimientos; que desecha los “productos defectuosos” o los relega a un mercado de segunda categoría.

La industrialización necesitaba a muchos más trabajadores manuales que a graduadios universitarios. Así pues, la educación de masas se construyó como una pirámide, con una base ancha compuesta por la enseñanza primaria obligatoria para todos, una franja más reducida de la secundaria y una estrecha cúspide de educación superior.

[…]

El principal objetivo de la fabricación industrial es producir versiones idénticas de un mismo producto. Los artículos que no se amoldan al resto se desechan o vuelven a procesarse. Lo mismo ocurre con los sistemas educativos de masas: se crearon con el propósito de moldear a los alumnos para que reunieran determinados requisitos. Por ello, no todo el mundo sale adelante en el sistema, y algunos se ven rechazados.

[…]

Al igual que las fábricas, las escuelas de enseñanza secundaria y la educación superior en particular se basan en la división del trabajo en cuanto a su organización. En los primeros, el día suele segmentarse en períodos regulares de tiempo. Cuando suena el timbre, todos cambian de tarea y a menudo de aula. Y los profesores, especializados en determinadas asignaturas, se pasan la jornada escolar yendo de un aula a otra para impartirlas.

Si bien estos principios son eficaces en la fabricación de productos, pueden ocasionar numerosos problemas cuando se trata de la educación de las personas.

 

Robinson, K. (2015). Escuelas Creativas. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial.

Tenemos que desindustrializar el sistema educativo. Tenemos que organizarnos. 🌱

 

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