Soy un procrastinador

Un felino procastinador
Mitchel JonesCC BY-SA 2.0

¡Hola! Soy un procrastinador. Es mi turno en esta terapia de grupo. Estoy aquí porque no puedo más: empiezo cosas que no termino, o peor, ni siquiera las empiezo. Y os cuento esto porque quiero recuperarme, porque está claro que procrastinar es malo.

Por si aún no lo sabíais, mirad la Wikipedia: nos hablan de ello como ¡”un trastorno del comportamiento”!, “que puede ser psicológico, físico o intelectual”. ¡”Un síndrome”!, “que evade el responsabilizarse posponiendo tareas a realizar”. ¡”Un problema de salud”!

¡Es horrible! Estoy enfermo. Soy un trastornado. Tengo un grave problema que me ha hecho posponer esta última entrada del blog… ¡más de 7 meses!

Y si todavía no os creéis lo malo que es, haced una búsqueda en Google: “la estrategia perfecta para dejar de procrastinar hoy mismo”, “20 estrategias para dejar de procrastinar”, “cómo combatir la procrastinación”… Algo a combatir con ese ímpetu no puede ser bueno, ¿no?

O… haced la búsqueda en Amazon, si queréis ver la literatura que hay al respecto. Un montón de libros distintos que te ayudarán a superarla, que te dirán “cómo dejar de ser perezoso”, “cómo vencer las ganas de no hacer nada”, “cómo vencer el miedo”… ¡Ups! Espera… hay uno que parece interesante: La Procrastinación Eficiente, de John Perry. Creo que lo voy a comprar y le echaré un vistazo. Mmm, creo que pospondré este post todavía un poco más.

¡Un momento! Posponer. Ya he usado ese verbo varias veces y no suena tan mal, ¿no? Si volvéis a la Wikipedia podéis ver que en la primera línea, la de la definición principal, usan dos sinónimos que no suenan tan alarmantes: postergación y posposición. O sea, dejar algo para después por… los motivos que sean.

Incluso la propia RAE nos ofrece otros dos mucho más tranquilizadores: diferir y aplazar. Dejar para un momento mejor.

Así que quizá procrastinar no es tan malo. Puede que dejes algo para después porque has decidido centrarte en otros proyectos, porque no tenías claro cuál era el principal, o porque finalmente has decidido que tienes varios interesantes que puedes compaginar.

O puede que le hayas estado dando vueltas a esos proyectos y vieras que alguno, como knowmad.es, necesitaba algunos cambios. Que tenía un enfoque erróneo, como absurdas autolimitaciones, o que estaba demasiado encajonado para crecer sano.

O puede que hayas estado leyendo un libro maravilloso como El Poder del Desorden, de Tim Harford, y hayas entendido que no tienes que centrarte en uno sólo, que puede ser mucho más productivo ocuparte de varios, aplazarlos cuando te notes atascado, tener un amplio abanico de intereses, como buen knowmad, e ir saltando de uno a otro, como un “malabarista de proyectos”.

Dos investigadores de referencia sobre la creatividad, Howard Gruber y Sara Davis, han defendido que la tendencia a trabajar en múltiples proyectos es tan común entre las personas más creativas que debería considerarse una práctica estándar. Gruber se interesó especialmente en Charles Darwin, quien a lo largo de su vida alternó los estudios en geología, zoología, psicología y botánica, siempre con proyectos en primer plano, pero también con otros en segundo plano que competían para atraer su atención. Emprendió su famoso viaje en el Beagle con “una amplia vaguedad, muy poco profesional, en sus metas”.

Harford, T. (2017). El Poder del Desorden. Editorial Conecta.

O que mientras, hayas visto la divertida charla TED de Tim Urban, que te descubrió al “mono de la gratificación instantánea” y al “monstruo del pánico”, que te hizo comprender que todos estamos procrastinando algo en la vida, que eres un procrastinador de tareas que no tienen plazo de entrega (un tipo de procrastinación que te hace sentir “espectador de tu propia vida”), y que “la frustración no viene del hecho de no poder alcanzar tus propios sueños, sino del hecho de no poder siquiera empezar a perseguirlos”. Gracias, Tim.

O tal vez hayas estado leyendo cosas de tu admirado Seth Godin, un genio combatiente de la procrastinación. Cosas como esta, de un libro con un título tan punzante como ¡Hazlo! (Poke the Box en su versión original), en la que te has visto reflejado y que te ha espabilado de una bendita vez:

Qué hacer con las buenas ideas

¿Eres una de esas personas?
¿Una de esas personas con demasiadas buenas ideas? ¿Alguien que tiene libretas llenas de posibles proyectos o fantasías repletas de posibilidades?
Seguro que has conocido a una de esas personas. Están tan ocupadas tomando nota que nunca hacen nada; demasiado ocupadas como para iniciar nada de verdad.
Para detener ese proceso, sólo se tienen que hacer dos cosas:
Empezar. Y entonces…
Lanzarse a por ello.
No puedes hacer lo segundo sin hacer lo primero.

Godin, S. (2016). ¡Hazlo! B de bolsillo.

O simplemente has procrastinado para resolver asuntos personales que te impedían avanzar.

Así que mientras procrastinas quizá no estés perdiendo el tiempo. Puede que postergar te ayude a ver las cosas con tiempo y distancia, y puede que al final pienses que procrastinar es bueno.

Al fin y al cabo, no se trata de producir como una máquina; se trata de crear arte. Ser un artista, ¿no, Seth?

El arte es un don personal que transforma al receptor.
Un artista es un individuo que crea arte . Cuanta más gente cambias, cuanto más la cambias, más efectivo es tu arte.
El arte no está relacionado con el oficio, salvo en que el oficio ayuda a producir el cambio. La habilidad técnica puede ser un componente útil a la hora de hacer arte, pero, desde luego, no es un requisito previo. El arte no tiene por qué ser decorativo; puede ser útil mientras su uso provoque cambio.
El arte no está limitado a la pintura, la escultura o la música. Si no hay cambio, no hay arte. Si nadie lo experimenta, no puede haber cambio.
Por definición, el arte es humano. Una máquina no es capaz de crear arte, porque la intención cuenta. Es mucho más probable que sea arte si lo has creado con intención.
Un cocinero no es un artista: el cocinero sigue una receta, y es buen cocinero si la sigue correctamente. Un chef es un artista. Es artista cuando se inventa una manera nueva de cocinar o un plato nuevo que provoca sorpresa, emoción o placer a la persona para la que lo ha creado.
El arte es original. Marcel Duchamp era artista cuando fue pionero del dadaísmo e instaló un urinario en un museo. La segunda persona que instaló un urinario ya no era un artista, era un fontanero.
Arte es el producto del esfuerzo emocional. Si es fácil y carece de riesgo, es poco probable que sea arte.
El último elemento que lo convierte en arte es el hecho de ser un regalo. No puedes crear una obra de arte meramente a cambio de dinero. Hacerlo como parte de una operación comercial lo despoja tanto de su encanto que deja de ser arte. Por parte del artista hay siempre una intención de regalar.

Godin, S. (2010). ¿Eres Imprescindible? Booket, Gestión 2000.

Eso sí, como dijo Tim en su charla, deberías empezar hoy mismo.

Bueno, hoy…

Pronto.

Puedes planificar, bosquejar y maldecir el sistema todo el día, pero si no divulgas tu trabajo no lo has finalizado, pues implica una conexión y la generosidad que hay tras ella. Por supuesto, cabe la posibilidad de que un día tus creaciones sean descubiertas y de que influyan en alguien o marquen una diferencia. Pero si nos ocultas tus aportaciones, no puedes ser considerado un artista, porque el arte no es tal hasta que se establece una conexión humana.

Godin, S. (2012). El engaño de Ícaro. Booket, Gestión 2000.

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